Costanza Tresoldi's Blog

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Descentralización ¿posible?

Publicado en abril 3, 2012

La educación construye país. Es claro: un país con gente más preparada es una manera de tener amplios y fuertes cimientos para estar preparados para el futuro y erigir un país desarrollado. Es por su trascendencia y entramado en el ADN de una sociedad, es que este uno de los temas más discutidos en el momento por la contingencia actual – manifestaciones, lucro, estudiantes. Pero no hay que dejar de lado un importante punto, característico de nuestra nación: su entrampada geografía.

Vivimos en un país inusualmente largo y agreste en sus extremos. Con una división político-administrativa que asemeja a un tren, pero cuya máquina no parece arrastrar con la misma fuerza a todos sus carros, las regiones. Por el norte el árido desierto, por el sur los hielos. Por sus costados la cordillera y ese mar que a veces no tan tranquilo nos baña.  La diferencia geográfica que radica en cada centímetro cuadrado de nuestro país ha determinado en cierta manera el destino de las comunidades dispersas en el territorio. A esto se suma su historia acentuada por un marcado presidencialismo y centralismo.

Desde hace años  se han hecho intentos por descentralizar el país, de manera de que cada región pueda alcanzar un grado de desarrollo similar y equitativo a donde descansa el gobierno central.  La descentralización es la “creación o el fortalecimiento financiero o legal de unidades subnacionales de gobierno, cuyas actividades están sustancialmente fuera del control directo del gobierno central, y que cuentan con atribuciones reservadas y la autoridad estatutaria para generar ingresos y decidir sus gastos”.  Uno de estos intentos se ha hecho a través de la municipalización de la educación, más o menos exitoso y que hoy es uno de los puntos que están en la agenda  

De acuerdo a información de la OCDE, los países que muestran un mayor desarrollo son los que muestran más descentralización, sea política, administrativa y fiscal. Y Chile, como país miembro de la OCDE, ha entendido esto como una de las metas necesarias para llegar a ser un país desarrollado en un futuro no muy lejano.

Así pues, no es coincidencia que las ciudades más importantes en las distintas regiones del país, tengan alguna universidad importante de asiento. Concepción, Valdivia, Viña del Mar y Valparaíso. El contingente de estudiantes que asiste, generalmente de alrededores a estudiar a estas casas de estudio. Y es que la necesidad en el pasado, puesto que no existían los caminos expeditos que hay hoy en día, o las comunicaciones que existían hoy en día

La pregunta acerca de cómo construimos país es una que se hacen día a día quienes ostentan el poder y quienes quieren tenerlo en el futuro como gobernantes de Chile. Hacemos país votando si somos ciudadanos. Hacemos país representando, si somos parlamentarios. Hacemos país construyendo, creando cimientos nobles donde las futuras generaciones podrán erigir sus sueños. Cómo realizamos de manera cada vez más eficiente esta construcción, considerando la loca geografía chilena, es una buena pregunta. 

Movimiento Social 2011

Publicado en mayo 3, 2011

Las últimas y masivas protestas quese han sucedido casi a diario a lo largo y ancho de nuestro país, desde que elgobierno anunciara el 9 de mayo pasado, la aprobación de la construcción de la hidroeléctrica Hidroaysén dan cuenta de varias aristas presentes de manera latente en la sociedad chilena. Por un lado, la escuálida e intermitente planificacióngubernamental en el tema energético, ante la necesidad de contar con una matrizenergética diversificada.  Por el otro, la fuerza subyacente en la ciudadanía cuando ésta quiere hacerse escuchar.

Toda protesta importa un cambioimportante en la sociedad actual, o al menos un germen de cambio.

Es verdad. Esta vez se tocó un punto delicado tal como es nuestra naturaleza en el extremo sur, imbuida en el tejidohistórico-social chileno, y que en otra arista,  llena a los chilenos de orgullo de manera transversal, la que generara una de las movilizaciones sociales más grandes que jamás se haya visto en territorio chileno desde hace décadas.

Si queremos buscar a los culpables de dicha decisión que socavará parte importante de cordillera y selva fría de nuestro extremo sur, que vaciará ríos e inundará terrenos considerados santuarios naturales, estos pueden ser fácilmente encontrados. A primera vista, claro está, se encuentran entre las disposiciones de los gobiernos anteriores. Pero quien ha dado la estocada final, por decirlo de alguna manera poco afortunada, ha sido el presente gobierno de Sebastián Piñera. Pero es fácil apuntar hacia los poderosos: hacia los políticos, hacia los empresarios, hacia el supuesto tráfico de influencias, cuando en realidad, en este juego, son o somos todos culpables.

Como un pueblo que ya se ha acostumbrado a ser complaciente, acaso un tanto cómodo, ante la búsqueda desoluciones ante tanta problemática político y social. La ciudadanía tiene a su haber, formas legales y legítimas para participar de la creación de políticas públicas, como son las elecciones, en un primer sentido, las encuestas de opinión pública, y en un sentido más complejo, participar directamente en estacreación mediante la propuesta.

La problematización o identificación de un problema social, describirlo como tal nace desde el seno mismo de la sociedad. Pues si bien es el Estado el que finalmente implementa de mejor o menor manera una solución a un problema, no implica que sea el único actor relevante.   Existen actores tales comolos grupos de interés que imprimen presión, mediante la comunicación y posibilidad de influenciar a los parlamentarios quienes recogerán en última instancia sus propuestas.

Pero, ¿qué tan real es esta situación en la contingencia actual?  Nos quejamos de que “nadie nos ha preguntado”, pero en definitiva, ¿cuál es el rol de la ciudadanía en cuanto a poder ejercer una real y legítima coerción en la estructura normativa? Como primer punto, mantenerse informado en temáticas que son al menos de su interés e incumbencia. Pero no es “culpa” solamente de los ciudadanos, por dejar pasar temas trascendentales. En este sentido, tal vez la ciudadanía ha encontrado sus propias vías para expresarse, como fueron precisamente las últimas protestas de tinte medioambientalistas, desde Barrancones el año 2010.  Esto lo ha hecho a través de las redes sociales, donde ha generado conductos legítimos de expresión p ara convocar a aquellos que comparten sus intereses

Si hablamos de primerosempujones, en este sentido sí es coherente pensar en el Estado entendido bajoel principio de subsidiariedad. Siendo éste un concepto más bien económico,pero aplicable a esta definición – sin olvidar que finalmente todas laspolíticas públicas se traducen financieramente al momento de la distribución delos recursos limitados del Estado – ahí donde no quiere o no puede actuar la sociedad civil, lo hace el Estado. Ejemplos como éste son el programa Pavimentación Participativa, programa concursable que busca mejorar la calidadde vida de los vecinos, para cuya implementación se requiere la participación activa de los propios beneficiarios, organizados en comités, y de los municipios respectivos, a quienes solicitan recursos, junto a los suyospropios, para pavimentar su calle.  La identificación del problema proviene, en este caso, tanto de la autoridad como de los propios ciudadanos.

Existen canales de participación donde las personas pueden hacerse parte de la construcción de ropuestas a fin de ofrecer una solución a una problemática determinada.

Si existen las estructuras, entonces ¿qué es lo que falta?  Pues el motor primero que es la propia voluntad social.  Pues si bien el Estado es parte de aquella voluntad social, la sociedad es el engranaje principal para que éste siga funcionando. Esto en el sentido de modernizar los procesos, hacerlos más efectivos, de manera que el diseño e implementación de las políticas públicas,funcionen de manera óptima.

No sólo es importante generar la política pública, sino también el participar de ellas, acompañarlas a través de todo el camino, fiscalizando la implementación y ejecución de las mismas, corroborando que esta recoja los principios que estuvieron presentes en sugénesis.

Pues bien, no quedarse de brazos cruzados esperando que el estado solucione todos los problemas, sino participaren la decisión de estas políticas, porque estas políticas buscan el bien común,y el Estado lo que busca el Bien Común, pero la sociedad no puede alejarse de esta entrega.

Un día cualquiera de diciembre

Publicado en diciembre 9, 2010

Risas de niños pequeños en los juegos de la plaza inundan el aire a unas pocas cuadras a la redonda. Pasa un raudo automóvil, pero todo sigue igual. Porque este es un pequeño universo donde los juguetes y bicicletas rosadas adornan ese intocable reino de felicidad. Los padres cuidan a sus retoños: uno ayuda a su pequeño de no más de tres años a subirse a un resbalín de color rojo. Se tira, él le aplaude. Un organillero da vuelta la manivela dejando escapar notas musicales que resuenan en la caja de madera. Los pequeños se acercan al carrito adornado con remolinos de papel brillante, amarillo, azul, verde, rojo que giran sus aspas al viento. Un abuelo le compra a su nieto un frasco para hacer burbujas. Ellas ahora danzan alrededor mientras las risas y la música envuelven esta estival tarde de diciembre. Padres contentos. En sus ojos el orgullo, el amor, el cariño, la esperanza de que tengan una hermosa y próspera vida. Tal cual o mejor a la que ellos han tenido. Vidas pequeñas, niños. Futuro.  Sobre todo tranquilidad. Un horizonte de esperanza y de color.

A esa misma hora, hay otros padres, pero ellos no disfrutan.  Lloran a solo metros de un purgatorio maloliente, pestilente e infestado de ratas desde donde salen llamas, y el negruzco humo de los materiales y de cadáveres calcinados mancha las murallas. Ahí están aquellos que pagan sus delitos, algunos más graves que otros.  Sus padres extienden los brazos a través de las rejas que se han construido para separar a los buenos de los malos, sin poder llegar, queriendo una respuesta, saber si queda aún un hálito de vida.

Porque en sus plazas, las que frecuentaban sus hijos desde pequeños (y ellos mismos), si es que las había, eran foco de drogas, alcohol y el semillero de la delincuencia sin otro destino que repetir el mismo patrón de vida: algunos condenados, reos, ladrones, que van sumando registros en un prontuario que se abrió tal vez muy pronto y sin que entendieran mucho el por qué. La rueda gira y no es un carrusel: es un círculo hambriento, hostil y mezquino que apenas deja salir, que atrapa a sus presas y se las devora para después vomitarlas groseramente. 

Un círculo cuyos engranajes forman parte también de esa gran estructura social a la que llamamos sociedad y de la que todos somos parte.  Donde se castiga a la violencia con más violencia en aras del bien común.

Y es esa violencia institucionalizada, no sólo afecta a aquellos que están dentro de recintos penitenciarios, sino también a los que están fuera. Porque el proceso de deshumanización ha comenzado desde mucho antes: desde que esa persona naciera en tal o cual lugar, bajo una estrella maldita que margina, y que no permite tener las mismas oportunidades que otros, en un mundo que les es ajeno, despectivo, esquivo y maltratador. Que los ignora y rasguña con una sola mirada. 

Esta misma sociedad que juzga, critica y castiga, en algunos casos, celebrará las pérdidas de las vidas de estas personas que, de acuerdo a su criterio, dejaron de serlo por cometer delito. Como la masa que asistía a las ejecuciones públicas en el medioevo, escupiendo y maldiciendo al que ha caído en desgracia. Aplaudirán y dirán que ellos se lo han buscado, que no merecen siquiera compasión. Apuntan con el dedo sin darse cuenta que también se apuntan a ellos mismos.  Porque de ese crimen somos todos culpables.  Por crear y avalar en la comodidad a la desigualdad.  Que por un lado celebra los índices de crecimiento económico y de progreso en un país en vías de desarrollo, y por el otro mantiene a ciudadanos hacinados y maltratados: sin educación ni salud ni trabajo. 

Hay padres que tuvieron suerte de nacer en un buen lugar, con recursos y puertas abiertas, y que celebran la hermosa vida que tienen ellos y que heredarán a sus hijos. Hay otros donde sólo desean que a sus pequeños no se los lleven presos antes de los 14 años, o que no terminen asesinados y olvidados en un callejón sin salida, o muertos en la hoguera de la condena social y moral.

Conciertos VIP, ¿El público? No tanto

Publicado en noviembre 20, 2010

Noviembre especialmente ha sido un mes de grandes eventos culturales. Algunos de lujo, como fue la gira que hizo por Chile el Teatro di San Carlo de Nápoles, y al afamado violinista israelí, Itzhak Perlman junto a la Orquesta Filarmónica de la ciudad de Praga. Para quienes fuimos, o al menos una gran parte de quienes fuimos, nos hemos sentido privilegiados. Y agradecemos, también, que el evento haya sido gratis. “Gratis” no porque no queramos pagar, creo que muchos, pudiendo, lo hubiesen hecho. Pero he ahí precisamente el tema. Gratis porque democratiza el arte de calidad y permite que miles de personas, que generalmente no tienen cómo acceder a estos eventos, puedan asistir. Las cifras lo confirman: más de 25 mil personas asistieron a la elipse del Parque O ’Higgins para escuchar lo mejor de la ópera italiana, y más de 10 mil llegaron desde todas partes para escuchar la mejor selección de música de películas.

Eso sí, no todo es perfecto. En este último, no había transcurrido ni la mitad del concierto cuando la gente comenzó a retirarse. Para el final quedaba, me atrevería a decir, un poco más de la mitad de los asistentes. Una pregunta: ¿Se pararían ustedes en la mitad de una comida a la cual fueron cordialmente invitados, dejando a medias el plato principal, sin siquiera pedir permiso? Imagino la respuesta, y aventuro a decir que provocaría en los dueños de casa, al menos, una gran molestia y lo tomarían como una falta de respeto. Muchos quienes aguantamos los crudos estertores de la fría noche santiaguina de aquel 17 o 18 de noviembre pasado, hasta la última de las canciones nos sentimos así.

Un poco de bochorno tal vez, mucha vergüenza. Pues no queríamos ni imaginarnos qué pasaría por la cabeza del gran violinista Itzhak Perlman al ver cómo la gente dejaba sin más sus puestos en la mitad de su concierto. O del director de orquesta. O del resto de los músicos.

Entonces, si sumamos: Espectáculo de lujo + intérpretes mundiales + gratuidad + público chileno = platea y graderías semi vacías. No suma ni resta. Pero ocurrió. He aquí una oportunidad para apreciar el arte, para aprovechar estas instancias que no se repetirán en mucho tiempo. Pero todo parece indicar que el chileno aún tiene que aprender.

Porque fuimos miles los que hicimos fila para ver a la Filarmónica y miles quienes se quedaron sin su entrada, y miles que habrían hecho lo imposible para conseguir una. El retiro en masa y casi sin sentido en la mitad de este concierto fue también una falta de respeto a todos aquellos que no pudieron asistir. Lo más bochornoso tal vez, fue el hecho de que las primeras personas que se retiraron fueron desde la platea preferencial. Muchos de los cuales fueron expresamente invitados para asistir, no hicieron fila y llegaron a las ocho y media de la noche a sus asientos reservados. Bien por ellos. Mal por todos aquellos que quedaron afuera, y peor aún se enteraron posteriormente cómo los asientos quedaban vacíos porque gran parte del público “se aburrió” o “le dio frío”.

Y es una lástima que al intentar acercar estas manifestaciones artísticas de magnífica e impecable calidad, de talla mundial, nos comportemos como si asistiéramos a una fiesta de cumpleaños cualquiera. Si no apreciamos este tipo de espectáculos que son un regalo impagable, si nos paramos y nos retiramos en la mitad porque nos dio la gana. Si al menos yo fuera un organizador de este tipo de eventos, la pensaría antes de hacerlo gratuito la próxima vez. Viene a mi memoria los dichos de un Gerente General de una productora que dijo que “a los chilenos nos gusta que haya entradas caras, es como algo aspiracional”, y ahora creo que tiene razón. Al parecer, si no pagamos por ello, si no desembolsamos una cantidad a veces estratosférica de dinero para asistir a este tipo de eventos, no les tomamos el real peso, y lo dejamos pasar así como así. Vámonos, no importa, total es gratis, de este tipo de invitaciones nos llegan siempre. ¿Y a aquellos que no?

Un concepto de acceso a la cultura dañino, necio y vacío, con ribetes claramente arribistas. Algo que también tiene que ver con el tipo de sociedad que queremos construir, una sociedad más inclusiva, democrática, donde todos tienen cabida, y no una “exclusiva”, segregacionista o VIP.

Tengo miedo minero…

Publicado en octubre 12, 2010

Por fin chilenos, compatriotas todos, estamos ad portas del rescate de los mineros. Por fin. Todos estamos felices.

Ahora viene el momento de las celebraciones, de las palmaditas en las espaldas de quienes lograron la liberación. El momento para disfrutar de las ganancias económicas en aquellas empresas que aprovecharon este escenario para hacer un poco de “product placement”. Y ni hablar del rating de los medios de comunicación. Y con justa razón, porque mal que mal específicamente la televisión es un medio de comunicación masivo, que llega al país entero, y golpea en lo más profundo del alma con las crudas imágenes que llegan desde el desierto de Atacama.

 No es para menos, porque no todos los días ocurre un épico rescate, uno que los chilenos seguimos desde el pasado 5 de agosto cuando nos enteramos que un derrumbe en la mina San José había dejado atrapados, sin saber si estaban o no con vida, a estos 33 labradores del mineral. Un relato que podría haber terminado en tragedia, pero que ahora es una comedia (en su estricta definición, comedia significa que el héroe, o héroes de la historia, superan el conflicto con éxito y derrotan a sus rivales, en este caso, la mina).

Pero ahora quiero ser desagradable. Y para fundamentarme pondré algunos sencillos ejemplos. Parto por doña Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial colombiana, capturada por las FARC, quien permaneció durante más de 6 años secuestrada en la selva colombiana, quien representó la lucha y el grito de libertad de miles oprimidos en el mundo.  Quien fue un icono de los Derechos Humanos para organismos internacionales.  Rescatada como heroína desde la selva en un espectacular operativo organizado por el gobierno de Álvaro Uribe. Ingrid, ahora repudiada y criticada por sus propios compañeros de cautiverio.  Malvada y tirana mujer que para rematarla demandó al Estado colombiano, el mismo que la rescató, por millones de dólares. De ídola a malhechora. Así de fácil.

Me acerco ahora a Chile, un ejemplo tal vez un tanto banal, simplista, pero por lo mismo, asequible. ¿Quien no recuerda el exitismo chileno cuando preparábamos maletas para ir al Mundial de Sudáfrica? Bastaba ver las opiniones de la gente de la calle. Muchos se aventuraban a decir que incluso, íbamos a ganar el Campeonato del mundo. Así tal cual. Pero unos goles en contra y un impenetrable Brasil desinfló cualquier esperanza de alcanzar al menos los octavos de final.

Y Marcelo Bielsa. Hasta ese momento un ídolo, un líder, un ser que había logrado disciplinar de tal manera a la selección que logró realizar la más exitosa campaña clasificatoria de los últimos ¿40 años?  Un loco, un genio. Respetado.  ¿Qué ha pasado ahora con él? Hoy no se habla bien de Bielsa. Se duda de sus últimas decisiones y critica su parca y fría personalidad. ¿Dónde quedó nuestro caudillo del fútbol chileno? Parece que en realidad nunca lo fue.

¿Y qué tiene que ver esto con los mineros? La parafernalia actual me recuerda al aire que se respiraba por esos días mundialistas. En ambos momentos hubo emoción, esperanza, llantos, abrazos, banderas chilenas. Claro, el origen y motivo de ambas es completamente distinto. Pero el manejo ha sido parecido. Y es esto lo que realmente me asusta.

Si quiero ser más desagradable aún, me estoy imaginando a los mineros de acá a un tiempo más. Con la rapidez e inmediatez de las comunicaciones, creo que esto podría ocurrir en meses, incluso semanas, se comenzarán a saber cosas,  y se empezarán a sacar los trapitos al sol.   Según me he enterado los 33 han firmado un pacto de no hablar, y ojalá que lo respeten, por su propio futuro y bien.

Porque basta una entrevista en que alguno dirá algo que nadie se esperaba: “Este minero en realidad fue un tirano y maltrató al resto”. Y de ahí empezamos: “Relatos en exclusiva de la cruda verdad 700 metros a profundidad, no se lo pierda”. “Lo que nunca se supo”. Más entrevistas y reportajes de la debilidad de algunos, de envidias y venganzas por más o menos protagonismo. Historias tal vez retorcidas, peleas desagradables, luchas de poder. Relatos que dejarán entrever cosas que no nos gustan, algo que dará aún más comidillo para hablar y seguir explotando el tema, esta vez desde su lado b.

Y de estar en lo correcto (espero no estarlo), ¿qué pasará entonces con los 33? ¿Qué será de estos héroes, cómo y dónde terminarán? De la gloria al fracaso, del aplauso al repudio, del monumento al olvido. Así de fácil es pasar del amor al odio. Especialmente en un país como el nuestro, que se caracteriza por el denominado “chaqueteo”, un día de tu lado, el otro en contra-

Y no será culpa de ellos. Porque al final, solamente actuaron como seres humanos en una situación extrema, y en situaciones extremas afloran todo tipo de sentimientos, cuestionamientos, conductas y reacciones. Más allá de la imagen endiosada que se ha creado en torno a ellos.  Pero, ¿quién los cuidará en ese momento? ¿Quién los salvará de sí mismos?  Nadie irá a rescatarlos.

Ahora, yo puedo estar muy equivocada. Y, repito, espero estarlo, y ojalá que respeten ese pacto de honor firmado ante notario de no decir nada.

Por esto tengo miedo. Cuando pase la caravana de la alegría, cuando se apacigüen los ánimos, cuando sea tan sólo un recuerdo más que marcó este golpeado 2010. Si la prensa y los medios han logrado hacer de esta una historia épica con ribetes de odisea griega, también tienen el poder para desmenuzarlos uno a uno hasta el tuétano. Y lo que más preocupa es que para esto también hay público. Y mucho.



A propósito del próximo rescate de los mineros

Publicado en octubre 6, 2010

A pocos días de que se concrete el rescate de los mineros cientos de cámaras y periodistas pasean expectantes por los parajes desérticos que albergan al yacimiento San José. Esperando el momento en que los 33 salgan desde las profundidades de la tierra. Y es que es una historia que ha calado hondo en el corazón de los chilenos. Todos hemos sufrido, nos hemos emocionado, alegrado e incluso llorado con esta tragedia. 

Se está cerrando un ciclo, y en éste se ha dejado en evidencia las falencias de nuestras leyes de seguridad laboral y lo que falta por avanzar en los derechos de los trabajadores.  Pero más ha quedado demostrado que los 33 que están ahí abajo, donde pasaron el Bicentenario, tienen un gran corazón de chileno, garra, actitud, fuerza y preocupación por el prójimo. Ese del que tanto nos jactamos siempre pero que pocos dejan asomar.

Se ha criticado (con justa razón) la parafernalia y la excesiva exposición de los mineros, de los videos que envían desde 700 metros de profundidad, de misivas que en teoría, son cartas privadas para sus familias, y de la tal vez exagerada aparición de ciertos personajes, con deseos de acaparar cámara y obtener réditos políticos. No hay que ser experto tampoco para imaginarse los altos puntos de rating que los diversos canales han logrado explotando éste, tal vez el mejor, más crudo y más honesto “reality” que jamás ha emitido nuestra televisión.

Como periodista, quisiera hacer una apología de la labor de mis “colegas” que han dejado sangre, sudor y lágrimas en esas tierras durante estos últimos dos meses. El ser periodista implica tener vocación, un querer estar en contacto con la gente, el de llevar sobre los hombros la responsabilidad de informar, lo más objetiva y claramente posible, acerca de los hechos que nos atañen y que afectan a nuestra sociedad. Fiscalizar, denunciar, dar a conocer para que, entre otras cosas, podamos sacar lecciones, analizar dónde fallamos, levantarnos, criticar, proponer y exigir cambios en la dinámica de nuestra historia. Crear historia. Y les aseguro que todos quienes han estado ahí lo han hecho de manera ferviente y honesta.

Habiendo dicho eso, creo que es importante que el día que salgan estos hombres desde las fauces de la tierra, no olvidemos que no estamos frente a un producto televisivo, ni a un show, ni frente a estrellas de cine donde, según me informan, habrá incluso improvisados sets de televisión donde estarán sentados conductores a la espera de que estos primogénitos asomen su cabeza a la luz.  Y recordar, que estaremos observando como 33 valientes hombres nacen nuevamente a la vida después de dos meses en que algunos incluso abrigaban el temor de no salir nunca. Y ahí es cuando entra el respeto y empatía como país para recibirlos, que nos permita ser tan humildes y fuertes como han sido ellos al resistir.

 

Chile: ¿País de tontos graves?

Publicado en octubre 5, 2010

(A propósito del cargo formulado este 5 de octubre contra el programa “El Club de la Comedia” por el Consejo Nacional de Televisión, por una parodia a Jesús, saco desde los anaqueles esta entrada que escribí algunos días atrás, precisamente para Fiestas Patrias, acerca de la identidad del chileno y la identidad de la sociedad chilena…)

Me encantan los Simpsons. Más allá de las “clásicas razones”, me fascina como se ríen de su idiosincrasia, tan gringa, de sus costumbres, de su exitismo, de sus hamburguesas, donuts y de sus altas tasas de obesidad en un país que tiene el poder de invadir al resto del mundo. Del gringo medio, ese que está orgulloso de todas esas cosas, ese hombre simple (juego de palabras de donde proviene el nombre Homero Simpson). Ese que no tiene idea qué pasa más allá de su calle. El que no tiene ni un respeto por las culturas de otros países, que come hasta hartarse en ferias y tiendas, que se ríe de la autoridad en su cara.

Me gusta también Saturday Night Live. Me deleitan sus sketches. Me río con esa especie de noticiero que hacen donde se ve un mapa atrás de la gran Amy Poehler, Weekend Update. Como hacen imitaciones perfectas de sus deportistas, actores, artistas, políticos y personeros, hasta de sus propios Presidentes. A destajo y sin temor, podemos ver a los más vapuleados personajes, apuntados con el dedo, acusados de las cosas más increíbles, tener su minuto de fama en ese escenario neoyorquino, en pleno auge de su respectivo escándalo. Así ocurrió con Monica Lewinsky, quien se subió a la tarima hizo una pequeña presentación y bajó. No fue una defensa, no fue un espacio para hacer sus reclamos. Fue simplemente subir, reírse de aquel pécoro vestido incriminatorio y asesoras varias que la malaconsejaron, de paso echar unas bromitas al entonces Presidente Clinton y punto. Como si acá, en algún valiente programa, hubiésemos invitado a Tombolini tras el escándalo de las Plantas de Revisiones Técnicas, o imitado a Ricardo Lagos después del MOP-Gate. Solo para burlarnos en su cara un rato.

No es porque me guste mucho la cultura gringa. Fuí a colegio gringo y talvez por eso “les capto” mejor la talla. Pero los mal llamados “americanos” (lo somos todos), tienen algo altamente valorable: la capacidad de reírse de sí mismos, y de hacerlo sin pensar que el día de mañana sean demandados hasta el alma por injurias, calumnias y ofensas a la autoridad.  Así, tal cual: Somos tontos, buenos para la cerveza, políticamente incorrectos y nos dá lo mismo todo, lo sabemos, nos reímos de nosotros y del resto.

¿Ocurre lo mismo en Chile? Revisemos: El respeto a la autoridad es talvez uno de los grandes baluartes que nos ha dejado nuestra historia republicana (a veces interrumpida) en estos 200 años. Pero hemos confundido el respeto con lo “tonto grave”, dejando que una línea casi invisible separe a ambas. Una línea tan poco clara que es mejor no meterse ahí. Llámele pudor, respeto o derechamente temor. La mayoría no se van por ese pedregoso camino. Se me viene a la mente “pisando huevos”. Especialmente en temas políticos y en épocas de elecciones.

Vaya uno a decir algo que “no se ve bien”, o que moleste a ciertas autoridades o personas que tienen algún grado de poder político, religioso o económico. Queda la escoba. Y eso que las cosas han tomado un matiz más liviano en el último tiempo, ya que hay algunos “loquillos simpáticos” que han imitado a medio Chile y han terminado con aplausos.

¿Y el The Clinic? Bueno, como siempre en todo, y eso lo sabemos los leguleyos, hay excepciones a la regla. Se aplaude la iniciativa y se celebra su década de existencia. No por nada es el semanario más leído en Chile, según dice encuesta El Mercurio (que esta vez “no miente”). Pero es uno. Uno el The Clinic. Una vez a la semana. Semanario a veces mezquino para quienes queremos reírnos “otro ratito” del chileno. Del Feo. O acaso no saben que el Feo es un gran personaje chileno (sí, chileno: feo, garabatero, cochino, a veces siútico y hasta caliente).

Chilenos y feos todos: ¿Por qué el yugo? ¿Por qué el temor? ¿Por qué cuesta tanto mirarnos tal cuál somos? Y si somos feos, ¿qué? Y si somos feos, tontos y pesados, ¿qué? ¿En verdad creen que nadie se ha dado cuenta aún? ¿Nadie en Chile, en Argentina, en Perú, nadie en EE.UU.?

Y nosotros, ¿nos hemos dado cuenta?  Y si es así, ¿por qué no puedo reírme a destajo de las chambonadas tan chilenas que vemos día a día en el metro, en la micro, en la tele?  Claro está, sin que demanden ni amenacen.Porque por qué vamos a llorar, ¿no?

Repito: creo que Chile ha mejorado mucho, ha aprendido a mirarse un poco (poquito) más. Es natural que haya ocurrido, y se aplaude. Y es porque hemos podido hacerlo durante los últimos 20 años. Pero aún hay muchas murallas por derrumbar. El miedo, talvez, a ser un poco más nosotros mismos, a mirarnos y a burlarnos de cómo realmente somos. A poder publicar más, a llegar cada vez más al hueso, a parodiar más, si se quiere, a expresar más, sin temores, y que no deje rencores.

La diferencia, al menos normativa con Estados Unidos, es que en ese país, la Libertad de Expresión es uno de los cimientos de su democracia, de su nación y Constitución, específicamente la Cuarta enmienda. Ser libre de expresarse a través de actos, actuaciones, escritos, opiniones, dibujos, e incluso parodias, como bien falló alguna vez su Corte Suprema.

Acá para algunas cosas hay muchas leyes, para otras ni tanto. Otra diferencia también, con EE.UU. es que la Justicia de ese país se va formando en gran medida a través de la jurisprudencia: fallos de los jueces que van creando criterios uniformes respecto a las materias. O simplemente, costumbre. Y es eso lo que ha costado instalar en Chile.

Hago un “llamadito”. A tomar nuestros defectos, así como nuestras virtudes, como algo nuestro, no como algo que hace el vecino o el que vive en tal o cuál parte, lejos de la casa. Y es que es tan cercano como que políticos, actores, e incluso Presidentes, tienen mucho de eso.

Chilenos y feos todos: Que tengan unas felices Fiestas Patrias.

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